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Leyenda de la Garita del Diablo.

Puerto Rico que en aquel entoncés era la capital de la isla de San Juan Bautista, era muy propensa a los ataques de piratas y corsarios, su sistema de defensa era la muralla, los fuertes y unas torrecitas adosadas a estos llamadas garitas, desde donde los centinelas o guardias vigilaban el mar alrededor de la ciudad para prevenir sobre cualquier ataque a la ciudad. Periodicamente se gritaban entre sí:

"¿Centinela alerta?", gritaba uno.

"Alerta", contestaba el otro.

Para corroborar que todo estaba bien.

En el área de defensa del Fuerte de San Cristobal, sobre el profundo acantilado se encuentra la más distante y solitaria de todas, la garita del diablo conocida así por que en la negrura de la noche el ruido del mar provoca un murmullo que se escucha como si el mismo Satanás tratara de decir algo.

Aquella fatídica noche Sánchez fue el encargado de velar este lugar, antes de la media noche todo transcurría sin novedad

"¿Centinela alerta?", gritaba uno.

"Alerta", contestaba el otro.

Pero a la media noche cuando el centinela de la garita más cercana a Sánchez lanza la contaseña, la respuesta fue aquel viento que surgía de la profundidad de la noche silbando el aliento a azufre desde la misma boca del señor de los infiernos.

Apoderados por el miedo y fusil en mano avanza una cuadrilla de centinelas hacia la garita para indagar por que no habia contestación, mientras desde esta seguía soplando aquel viento hediondo y caliente.

Al llegar a esta el viento había cesado por completo y reinaba un silencio sepulcral alrededor de esta, ni si quiera el romper de las olas del mar se escuchaba. Al asomarse a la garita lo único que encontraron fue el uniforme, el fusil y la cartuchera del soldado, que había desaparecido sin dejar rastro alguno.

Dicen por alli que el mismisimo Lucifer vino a recogerlo y que se lo llevó envuelto en un remolino por ente los techos del viejo San Juan.

La versión que la sociedad posteriormente dió al no encontrar explicación lógica al suceso fue que Sánchez se fugó hacia la sierra con Diana, su amor furtivo y que alli vivieron felices el resto de sus dias.

Sin embargo por las noches, si ponemos atención entremezcalda con la brisa caliente emanada por la garita, se escucha el murmullo de una mujer y un hombre, como burla hacia aquellos incrédulos que aun conociendo la leyenda osan inventar historias diferentes.